Resumen
Por su densidad metafísica, por la armoniosa cadencia de sus versos libres y por su sorprendente, vigorosa originalidad, Jaime Labastida es un poeta sin parangón en la literatura mexicana contemporánea. Aunque se inició en poesía como miembro de la generación conocida como la Espiga amotinada, Labastida, como señala oportunamente Adolfo Castañón (2019a: 7), se desarticuló muy pronto de su archipiélago generacional primigenio para convertirse en un escritor singular, refractario a cualquier clasificación fácil. El despliegue generoso de sus talentos –ensayista, filósofo, editor, periodista, fundador de instituciones académicas– así como su condición de Director de la Academia Mexicana de la Lengua Española (2011-2019) y de Director de Siglo XXI, nos han impedido dar la atención que merece su labor poética sostenida, honrada con importantes premios literarios1.